Nace en Mérida Venezuela en 1949. Su padre le inculca desde pequeñita el amor por la lectura y descubre que en sus manitas hay un enorme don que es el pintar. De adulto se dedica a la docencia pero luego mezcla la enseñanza con la pintura y completa su vida dictando talleres de pintura para niños y adultos. Sus poemas los va realizando con el pasar del tiempo logrando editar un libro. La escultura la desarrolla con tal facilidad que ya ha realizado la más importante de todas que es el busto de su padre y se encuentra en la Biblioteca pública Antonio Ramón Molina del Estado Mérida.

miércoles, 29 de agosto de 2012

EL PINCEL DE ELENA por Ramón Sosa Pérez.

"Andrés Eloy es el poeta del dolor venezolano", nos aseguró en una ocasión con José Agustín Catalá, el mismo día que Germán Briceño Ferrigni en Timotes que el cumanés era el poeta de la esperanza civilista venezolana. la cavilación que me produjo entonces fue cayado para la conclusión válida: Andres Eloy Blanco es sempiterno bardo de la patria. Ahora que me topé con las pinturas de Elena Molina, percibí el ascendente  de sus versos al moldear sugestivos motivos en su paleta de artista.

Don Antonio Molina, allá en su Chiguará natal, iba perfilando en sus hijos, esencialmente en las mujeres de la casa, una particularidad sensibilidad por el arte, al infundirles apego por las trazas culturales del país. De allí que Elena apresara en su vitalidad creadora símbolos que hoy marcan su obra, expuesta ahora en la añeja estancia de cualidad colonial, llamada Casa de los Antiguos Gobernadores.

En ese lugar, custodio de mejores tiempos en Mérida, atempera "La Loca Luz Caraballo", obra de Elena Molina que ha sido distinguida como Patrimonio Artístico Merideño, Ese recuerdo del poeta es justa liga en la historia local que rememora los tiempos de las ergástulas gomeras que Andrés Eloy debió soportar en tierras timotenses.

El agregado artístico se corona con esta obra admirable que muestra tiempos en un pincel que no reposa nunca. De ejemplo están sus cuadros de vivencia chiguarense, de nostalgia por el terruño, donde convergieron sus atisbos de niña artista y se proyectó su vocación hasta los rostros que hoy persiguen la búsqueda permanente de esta artista plástica merideña.

Lectora apasionada de los cuentos del español Juan Ramón e incondicional de las páginas de Andrés Eloy, la hicieron poetisa para cortejar a sus hijas y arrullar a sus nietos, que son su motivo existencial. Discipula espiritual de Manuel Cabré y seguidora del impresionista Joaquín Sorolla, busca estilos, escuelas y razones para seguir creando.

Sus etapas de artista se ubican en el paisajismo, el motivo lugareño, el dibujo, el retrato, lo figurativo y la presencia femenina en cada cuadro suyo, quizá influenciada por la multipresencia familiar del género. En sus abundantes colores que dan fulgor inmanente a su obra, Elena Molina atesora motivos, los detiene en el tiempo y esparce su acuarela ingeniando nuevas propuestas. No abandona la imagen pero busca más libertad, "porque el retrato me ata a las proporciones, a las formas, y el rostro indefinido me lleva al encuentro con el espectador que se hace el perfil que ansía".

Sensible la poetisa chiguarense, sencilla la artista merideña que se funde en sus pinceles para colorear encargos de esperanza. La casa de los Antiguos Gobernadores, sede de la Academia de Mérida, es escenario para admirar estos cuadros que articulan una exposición digna de verse en tanto es patrimonio de Mérida, como refiere orgullosa Andreína Chacón Molina, hija y confidente de su diario hacer. 


Diario Frontera 17/11/2009

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